Esta mujer, definitivamente merece mi reconocimiento. Para ello, he elaborado un perfil que nos acerca a su personalidad:
No es fácil hablar de una actriz como Isabelle Huppert sin sentir una profunda admiración hacia su trabajo y su inteligencia. Delgada, blanca y pecosa, consigue una fuerza extraordinaria en cada una de sus interpretaciones.
Musa incondicional de Claude Chabrol, ella misma afirma que no es una celebridad, aunque si quisiera podría reclamarse la reina del celuloide europeo. Y es que para Huppert el poder “es una puerta abierta a todo tipo de excesos”. Nunca ha fantaseado con Hollywood, y su humildad le permite pensar que tiene derecho a equivocarse, y que, de hecho, espera hacerlo. Cuando le preguntan si se considera una actriz intelectual responde con toda sinceridad “Es un calificativo que puede definirme bien, pero el término contrario también. Pero sí, soy bastante intelectual”. Su gusto por el cine de autor y su apoyo al cine independiente dejan entrever sus ganas de realizar un trabajo actoral bien hecho que no busca grandes intereses comerciales.
Es bien conocida por su facilidad para interpretar mujeres complejas y perversas. Con sólo ver una de sus películas nos damos cuenta de que no interpreta meros personajes, sino que cuenta estados mentales que logran perturbar al espectador como nadie sabe hacerlo.
Isabelle, como toda gran actriz, no se conforma con salir en pantalla, sino que también necesita servirse de la magia del teatro. Así, define una diferencia básica entre cine y teatro con una metáfora muy acertada: “Quizá el cine es como un paseo, un paseo bastante tranquilo mientras el teatro es una caminata de alta montaña: el corazón late más fuerte, a más velocidad”
Y pueden llamarlo suerte, pueden llamarlo talento o simplemente llamarlo amor al trabajo. Pero esta dama del cine francés, esta mujer diminuta y frágil, ha logrado comerse la pantalla en cada aparición. ¿El secreto? Ella dice que “Es porque tengo la facultad de mirar a quien me mira que consigo crear un espacio de resistencia del cual logro ausentarme y existir como actriz”.
[quiero casarme con Huppert]
[…]
[Cintia]


Si hubiera más teatro independiente, y menos artificiosidad; lo mismo que actores de la presencia de la Huppert, con enorme fuerza psicológica que, reconocen la relevancia de hacer teatro, alternativamente con el cine,el cine no fuera esas naderías y fílmica ligth, que empobrece el pensamiento del espectador y lo subsume al ideal de masa.
Un beso. Argivo.