Estimado público: preparando el estómago. Se dice que es arte efímero, arte culinario, arte conceptual… pero tiene un nombre propio: Eat Art (o arte comestible)
La clave del movimiento reside en utilizar la comida como un soporte visual: crea una estética provocadora que a la vez funciona como objeto comestible. El ingrediente estrella: azar y actividad del espectador incorporado, que tiene la posibilidad de degustar la obra, nunca mejor dicho. De esta forma, el espectador cumple una segunda función de consumidor. El arte consigue una vez más colarse en los sentidos y jugar con éstos para transmitir la verdadera esencia de la pieza.

Una de las últimas novedades dentro del movimiento viene de la mano de una performance de Laurent Moriceau: presentó en el MamBA una escultura, calco de sí mismo en chocolate, para que todos la degustaran. Repulsivo y transgresor, sabe cómo generar reacciones en el público:Lo más interesante es descubrir qué le pasa al espectador”.

El siguiente vídeo puede no gustar, pero desde luego cumple con el propósito de generar una sensación… cuanto menos curiosa.

Como aderezo, recomiendo tres películas cuya estética y temática podrían encajar perfectamente con este movimiento, donde la comida se vuelve arte:

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante [Peter Greenaway]

La gran comilona [Marco Ferreri]

Delicatessen [Jean Pierre Jeunet]

[Bon Apetit]

[…]

[Cintia]