Beckett, el polifacético Samuel Beckett, no podía faltar en mi universo blog. Este irlandés sembró la semilla del teatro del absurdo, y la hizo crecer… como nadie.

En sus obras dramáticas cargadas de humor negro,los personajes esperan sin saber bien a qué esperan, planteándose cuestiones sumamente existencialistas, sumidos dentro de un mundo pesimista que se encuadra en un movimiento minimalista. Esto, ladies and gentlemen, es Beckett (en pocas, poquísimas palabras).

Lo cierto es que interpretar sus personajes genera una extraña sensación de dejadez y de desprecio por el mundo perceptible; sin embargo, esta combinación provoca una fuerte sensación de vida, de vitalidad enclaustrada, pero vitalidad al fin… y este efecto que debe transmitir el actor se prolonga hasta el espectador, que de pronto se plantea las mismas cuestiones existencialistas que el personaje, porque espera con él, porque no se siente ajeno a la realidad absurda que habita en el teatro de Beckett.

El teatro del absurdo plantea cuestiones pero no da respuestas. Invita a la reflexión, y ofrece un cocktail de realidad al espectador, que sentado en su butaca, forma parte de la obra y se siente implicado en resolver un enigma, una espera que quizás nunca acabe… porque lo que está viendo es tan absurdo como la vida misma…

Una vez más lo contemporáneo se cuela, en este caso, en el pensamiento, y nos planta una inquietud que mantiene vivo el efecto teatral…

[sin reacción del público no hay teatro]

Cintia.